Encuentros en la tercera fase


Ahora que vivo en primera persona el regalo de cuidar a mis padres, siento una necesidad de gritar a todo el que pueda oír: una sociedad sin mayores es una sociedad desnortada, desagradecida, descabezada... Muerta en vida.

Coincidir tres generaciones al tiempo  bajo el mismo techo es una bendición. No conozco mejor escuela de virtudes para todos ( para mi, la primera).
Se acaban los grandes discursos acerca de la coherencia de vida, la justicia social.
La compasión aflora con el gesto y la compañía sencilla. Hermanados con quien sufre, a su lado te conviertes (casi sin proponértelo ) en mejor persona. Y eso te dignifica, te llena de gozo, aunque  te canses, te rompas  por dentro y no quieras seguir mirando.
Bien es cierto que en ocasiones  hay dificultades insalvables que no permiten tal convivencia intergeneracional. Sin embargo, si existe  una posibilidad, merece la pena intentarlo.

El hedonismo actual  susurra  por doquier la mayor de las mentiras : Ser joven, no morir  y disfrutar de todo placer es el mejor objetivo. Un mensaje envolvente que nos empuja a correr tras ese horizonte infantil sin advertir que tan solo es un espejismo que esclaviza, atonta y confunde.
Por ello toda ocasión de convivir, de tocar,  de acercarse a la debilidad es una oportunidad de sacudirse tamaña tontería de encima, de sacar lo mejor de ti mismo y  de reeducar  -redireccionar -el corazón para el amor de verdad, aquel que hace feliz.

Reconozco que en mi caso siempre tuve miedo al momento en que mi madre enfermara.
Ha llegado  y sigo adelante.
En su fragilidad me muestra la fortaleza de un gigante escondido tras un cuerpecito mínimo...
Me hago mayor y me doy cuenta de que ella - una vez más-me acompaña en esta nueva ascensión.
No sé por cuanto tiempo voy a disfrutar de esta dicha. El papa Francisco las llama "Sorpresas de Dios" Cruces que vienen cargadas de bueno.
Se ha abierto ante mi  un nuevo escenario vital en el que pensaba no sabría moverme por la carga de dolor y pena que supondría.
Y aquí estoy.Viviendo en primera persona una despedida que me desgarra  y me construye al tiempo.
Soy testigo privilegiado de una existencia lograda y plena hasta el fin.
Sabe morir quien  ha sabido vivir.
Si tu vida ha  sido una vida llena de alegría, de generosidad, de luz, tu final no será diferente.
Mueres como vives.., mueres como eres.

Supongo que su Fe juega un papel aquí nada desdeñable.
Ni media queja.
Acepta con serenidad absoluta todo, todo.
Reza diciendo: -"Lo que Tú quieras, cuando Tú quieras, como Tú quieras "- y sonríe plácidamente.

-"No tengo miedo a la muerte. Ninguno"-. Lo afirma con la suavidad de su nombre,  Fina, y me aprieta fuerte la mano, con el coraje de su alma.



Este es el vídeo que os propongo. Me recuerda a ellos.
Un amor tierno y siempre joven.





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