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Demencia

Casi no hablo de él.
He escrito acerca de mi madre pero no sobre mi padre. Tal vez no encuentre palabras porque ya son tan pocas las que nos cruzamos. Ahora nuestro intercambio es de miradas, de besos suaves, de caricias.
Responde al afecto siempre con una sonrisa.
También reacciona ante los pequeños servicios. No es ni una ni dos, son muchas las veces que, desde el abismo absoluto de su mutismo, asoma un -muchas gracias-  claro y rotundo.
Es un señor.
Siempre trató bien a quien le atendía. Un caballero que sabía servir y ser servido.
Todavía hoy, cuando vamos a alguno de sus restaurantes favorito,s los camareros siguen preguntándonos por él. No eran sus generosas propinas - que también-  era su talante considerado, sencillo, acogedor y disfrutón el que hacían de él - de ellos, porque siempre iba en compañía de mi madre- unos clientes inolvidables. Era y es presumido. Ahora cuando le espetas un -¡pero que guapo estás¡- se viene arriba e incluso arquea las cejas con cierta picardía.
S…

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