martes 13 de marzo de 2012

Los chicos Abercrombie no barren





La mayoría de mis lectores con hijos/as  en edad de merecer seguro habrán oído hablar de Abercrombie. Una cadena de moda juvenil  por la que jóvenes  (y  no tan jóvenes) hacen colas inacabables.

El diseño de sus establecimientos es espectacular. En ubicaciones privilegiadas de las principales capitales del mundo, captan al cliente con un estilismo cuidado hasta el más mínimo detalle.

Justo a la entrada, te recibe un modelo masculino -perfectamente medio vestido- luciendo trabajadísimos abdominales. Permite hacerse fotos con él, cual souvenir o trofeo de caza. Al plan se apuntan imberbes y cuarentonas con iguales aspiraciones.

Una vez traspasado el umbral, experimentas algo así como una condensación artificial y artificiosa de vitalidad y espíritu veinteañero. Penetras en un cubículo -sin ventanas  abiertas al exterior-  donde  parece querer encerrarse algo tan volátil y fugaz como es  la juventud y la belleza.
Quien carece de una cosa y de otra se siente fuera de foco.

No ves plásticos maniquís estáticos y mudos… En su lugar  chicos y chicas, ataviados como por casualidad con las prendas que interesa promocionar, pasean y bailan por el local mostrando la mercancía (sin quedar del todo claro si  lo que se vende es el atuendo o su hermosa carne fresca).

Todos parecen seguir un guión de merchandising concreto: Saludan e interpelan con sonrisa de dientes perfectamente alineados  y un medido  tono de afectación:  -“How are you doing, guys!”-
Todos disfrazados de “niños bien”. Niños, bien blandos .

Es una empresa que funciona a las mil maravillas. La caja registradora factura sin pausa.
Y como  ocurre en tantas otras  situaciones injustas, unos  pocos se enriquecen a costa de unos muchos. Los responsables del negocio pretenden vender la "dolce vita" , proponiéndola a aquellos que, ingenuamente, creen que la felicidad tiene hechuras y colores de temporada. Y son numerosos los que entran al trapo y parecen llevársela metida dentro una bolsa.

No es indiferente el que triunfen este tipo de cadenas. Las repercusiones en la vida, las aspiraciones y las prioridades de la mayoría, por desgracia, van a verse trastocadas. Por ejemplo la de mis hijos adolescentes, víctimas – como el resto- de una cultura de la imagen que les presiona enormemente.

Además, estoy convencida de que sólo estilos de vida inspirados en la sobriedad, en la solidaridad y en la responsabilidad,  contribuyen a contruir una sociedad y un futuro  por el que merezca la pena “sudar la camiseta”. Otros mundos de ensoñación y retoques están hechos de humo mentiroso y alienante.

Antes de salir, bajando por las escaleras (al margen de la escena principal) me topo con un hombre de unos 50 años vestido de oscuro. Su cara también lo es.  Trabaja como empleado de la firma, pero a éste no lo enseñan. Barre y pasa desapercibido. Su mirada se ha vuelto indiferente al espectáculo que se le muestra a diario.

Piso la alfombra, pido disculpas y él -sin apenas advertirlo- sigue a lo suyo.

Los jóvenes y bellos Abercrombies no son los que pasan la escoba….



Esta es la música que me inspira el post. "At seventeen"



domingo 4 de marzo de 2012

De niño a delincuente

Elena me envía este mail que circula  desde hace tiempo por la red.¡Gracias amiga mía!
Me parece un acertadísimo decálogo  para cualquier formador.



martes 28 de febrero de 2012

El arte no requiere de premios

Tras la gala de los Oscars, parece que se han confirmado las previsiones.
Admito que "The Artist" es una buena película. Se deja ver con gusto. De hecho cumple con el cometido elemental de cualquier proyección: entretiene.

Distinto es el resultado que produce en el ánimo  la visualización de "El árbol de la vida". Numerosos espectadores-entre los que me cuento- reconocen algo parecido a la conmoción .

Tal es la diferencia. Quien experimenta ese encuentro con la belleza sufre -parafraseando a Platón-una saludable sacudida interior que hace salir de uno mismo , le arranca de la resignación de la comodidad de lo cotidiano,(...), y de este modo lo despierta abriéndole nuevamente los ojos del corazón y de la mente, poniéndole alas, empujándole hacia lo alto.

Una cosa es un divertimento y otra, muy distinta, una obra de arte. Ésta es recibida por las futuras generaciones -por distintas  que sean sus sensibilidades - comulgando en la admiración con el público de hoy.
Por ello debemos contemplarlas de un modo casi reverente.Nos sobrevivirán.
Los óleos de Renoir,  Miguel Angel, Caravaggio o Picasso participan de una gravedad común.También lo hace una sinfonía de Bach, de Vivaldi, o unas letras de Cervantes, Shakespeare o Tolstoi.
Tal es la virtualidad : Maestría y alma inmortal.

Muchos detractores de " El Árbol de la vida" a los que -dado que es cuestión de gustos- respeto. Es una cinta poco convencional, que escapa a los criterios comerciales habituales. Lenta, densa, profunda y con efectos retroactivos en  las capas más profundas del espíritu.

Puede que el motivo sea que  el largometraje es algo más que cine. Es una"epifanía de belleza" (así llamaba a las grandes creaciones del hombre Juan Pablo II) capaz de devolvernos la esperanza al comprobar que  todavía quedan genios y miradas que la descubren, encarnan y  nos hacen participes  de ella...

Me alegra leer  en un periódico, poco sospehoso de conservadurismo,  una crítica valiente...
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/27/actualidad/1330321236_422501.html

El tiempo se encargará de depurar  el acierto de los galardones...Terrence Mallick recibirá, en  su momento, el justo reconocimiento a la mejor película del 2011. Se admiten apuestas.