viernes 6 de noviembre de 2009

Tachar de la lista


Alguien me comentó una vez que una madre es una mujer a quien nos se le acaban nunca los recados.
Antes de que muchas de nosotras nos lanzáramos a la conquista de los despachos, me imagino que era más fácil la resolución de esas pequeñeces pero ahora que repartimos nuestros minutos entre la oficina y la casa, nuestra disponibilidad horaria se acorta y las listas de cosas por hacer van traspapelándose semana a semana.
El modo de resolver la escasez de tiempo es caminar deprisa, planificar nuestros desplazamientos con precisión y utilizar los medios de la red para intentar atender las necesidades de nuestro hogar
Estamos convencidas que gestionar bien el tiempo es una forma concreta, palpable, de querer. Tachar algo de las lista produce una satisfacción reparadora y reconfortante. De misión cumplida .
Hoy las mujeres parecemos programadas para resolver lo que se nos ponga por delante. Por esos tratamos de estirar las horas.
Y pasa lo que pasa: ya que hemos salido a visitar el pediatra compramos la libreta de música del pequeño, y aprovechamos que todavía son las 19.30 para recoger las botas del zapatero . Llegaremos un poco más tarde cambiaré la chaqueta del bebé porque caduca el vale. Los niños tiene hambre y se han puesto pesadísimos. En el parabrisas del coche luce una multa por superar el tiempo permitido en la zona donde había aparcado. No tenemos huevos para la tortilla de esta noche. Finalmente en casa , caemos extenuadas pero dispuestas a volverlo a hacer si es necesario .

Mientras transitamos agitadas por todas partes, esos seres minúsculos que nos rodean, observan sin juzgar. Su extrañeza nos interpela y es entonces es cuando nos cuestionamos para qué tanta prisa, o -mucho más difícil de encajar- para quién?
Nos cuesta admitir que no podemos llegar a todo. Que no hemos de llegar a todo.
Todas sabemos que sacar partido al tiempo es un modo de manifestar el desvelo por los nuestros. Pero demasiadas veces olvidamos que querer también significa no hacer, escuchar, detenerse, mirar, descansar o , simplemente, estar.

No estamos dejando por el camino lo más esencial : disfrutar del regalo de vivir con conciencia y paladeando la compañía de otro.

Renunciemos a acabar la lista. Tal vez mañana…..Vale la pena. Hay quien espera que lleguemos pronto, porque lo que verdaderamente les hace felices es nuestra compañía, sin más.

domingo 1 de noviembre de 2009

Noviembre y como acabará esta historía


Una buena amiga me ha dicho que las cosas que escribo suenan demasiado rotundas y taxativas. Es verdad que, en general, me cuesta la moderación pero tal vez el problema resida en la selección de los temas.
Para el de hoy, mi posición es bien distinta. Me arrugo como la que más ante la realidad de la muerte y su mera mención me asusta. Pero no estoy sola aquí. La angustia de envejecer, enfermar o morir la compartimos todos los hombres.
Contemplar un cadáver produce violencia e incomodidad. Nunca nos es ajeno porque sabemos, con certeza plena, que algún día seremos nosotros los contemplados.

Dentro del féretro ausencia de boato y cargos. Ni habilidades, ni virtudes o defectos. La suerte está echada y ahora ya no hay marcha atrás. Nada más que añadir o enmendar.

Esa irrevocabilidad sacude interiormente.

Al salir del tanatorio la luz del día nos reconforta. La cotidianeidad ayuda a recomponernos por dentro.

Podemos entonces refugiarnos en la inmediatez. No pensar y seguir deambulando por la superficie de la existencia, sin buscar un sentido a nuestros pasos en la tierra. Básicamente, ir tirando hasta que el cuerpo aguante.

La otra opción posible es abordar el tema con valentía y tratar de resolver las preguntas fundamentales que toda persona, a raíz de la muerte de otra, se hace acerca de su propia existencia.

He comprobado como en las familias donde el dolor y la muerte se contempla como parte del paisaje de la vida humana, es más fácil integrar el sufrimiento de la perdida. Cuando existe un trato entre distintas generaciones y se normaliza la convivencia entre sanos y enfermos , no se difumina el carácter de historia dramática que siempre tiene la vida humana.

La sociedad contemporánea esconde lo feo, lo viejo y lo inútil; pretende silenciar nuestra limitada y finita condición.
Los padres tenemos que contrarrestar esa tendencia cultural educando a los hijos de modo realista. El dolor es un mal cierto, que se ha de evitar en lo posible. Pero su presencia pasada, actual o futura confieren seriedad y espesor a nuestra vida

Nuestras lágrimas de adultos pueden mostrarles que el sufrimiento no es incompatible con la alegría y que la muerte puede convertirse en una buena maestra para el hombre. Aprendemos de ella lecciones tan valiosas como la fugacidad de lo material frente a la permanencia de lo espiritual, el inevitable transcurso del tiempo y la necesidad de aprovechar los días para sacar partido a nuestras capacidades.

No sé si se puede enseñar a morir, pero es esencial que les enseñemos a vivir de verdad.
Lo hacemos cuando no perdemos de vista nuestra contingencia y cuando disfrutamos de las cosas de este mundo con paso corto y mirada larga ; con la prudencia de quien sabe que está en situación de precario.

Si tenemos la suerte de creer que nos espera una eternidad feliz, hemos de transmitir a los hijos una confianza total en que la vida nuestra no acaba bajo tierra sino que traspasa los límites del espacio y del tiempo. Que volveremos a encontrarnos.

Es verdad que para los que carecen de fe es más difícil dar una respuesta positiva al mayor de los enigmas.
¿Cómo demostrar de modo racional y convincente que no hay nada después y que todo terminará dentro de un ataúd?.
Les corresponde a ellos la carga de la prueba.
Hay quienes- ya desde hace muchos siglos- han dado y dan su vida por afirmar que la muerte no tiene la última palabra y que esta historia acabará bien

martes 27 de octubre de 2009

Atreverse a pensar



El otro día leí algo acerca de la necesidad de tomarse la molestia de pensar . Me gustó y he decidido concederle un hueco en mi blog. Lleva por título “Cada hombre es un filósofo”. Y lo firma la alemana Jutta Bruggaff (Filósofa, pedagoga y teóloga) . Recojo la dosis que considero adecuada a la temporada otoñal, tan propicia- por cierto- para la contemplación.

“Atreverse a ser, a ejercer, de filósofo, es arriesgado. Suele significar vivir como un inconformista, a veces como un marginado, y puede ser considerado como un loco. A la vez, el pensador está lleno de añoranza por la verdad. Su meta es captar los fundamentos de la existencia, y sabe que sólo lo conseguirá de manera muy imperfecta, aunque su esfuerzo sea muy grande. No es tanto una persona que ha conseguido con éxito elaborarse un concepto del mundo bien redondeado; es más bien alguien que está ocupado en conservar viva cierta pregunta, la que se refiere al último porqué del todo de la realidad.

La filosofía es un don y una tarea para cualquiera. No está reservada a los especialistas. Por consiguiente, tendría que ser lo más normal del mundo comenzar conversaciones filosóficas, no sólo en la Universidad, sino también en las calles, durante una sobremesa y en pleno centro de la ciudad con una taza de café o una copa en la mano.

Al fin, nos pueden animar las palabras de un autor contemporáneo: Quien jamás tuvo un ataque filosófico, pasa por la vida como si estuviera encerrado en una cárcel: encerrado por prejuicios, las opiniones de su época y de su nación. Quien no piensa por su propia cuenta, no es libre”

Trayectoria

- Licenciada en Derecho- Tesina en Derecho Mercantil "Facultad de ampliación del capital por parte de los administradores societarios""- Master del IESE en Dirección de Empresas- Ejecutiva en Baker & McKenzie- Ejecutiva en el Bank of New York- Consultora de marketing en LifeStyle- Iniciadora de aulas familiares de estimulación temprana infantil (Barcelona)
-Educadora en Aulas Montesory (Dublin)- Vocal de la Fundación para la Juventud- Directora del Programa "Dones" en Radio Sant Cugat- Presidenta de la Fundación Nins- Durante su infancia formó parte del Grupo musical infantil Nins con el que grabó diez discos, actuó en festivales y giras por todo el territorio español,así como participó en numerosos programas de tv y radio.

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